Berlín

Oda a la velocidad

BerlínEl sueño de todos a los que les gusta faltarle el respeto al cronómetro. No hay un Major más favorable que este. Ni una sola pendiente digna de tal calificativo. Su llano trazado transita en su totalidad por calles anchas, cómodas, con giros amplios en los que la pérdida de velocidad queda reducida a mínimos. Es sobrio, como la ciudad que lo acoge; su belleza reside en el poso histórico impregnado en cada pedazo de asfalto, testigo directo de algunos avatares que el pasado siglo condicionaron el devenir de la humanidad. Berlín es la modernidad pura, sin artificios. No le hace falta aparentar.

En este circuito Eliud Kipchoge estableció el vigente récord mundial (2:01:39 en 2018) y decenas de miles de populares jubilan cada comienzo de otoño sus mejores marcas personales (salvo alguna tromba de agua esporádica suele hacer muy buen tiempo, incluso calor, el día D). Plantarse en el corazón de la selva urbana que es el Tiegarten (a escasos metros de la Puerta de Brandenburgo), inicio y fin de la cita, es asomarse a una tentadora oportunidad de correr como nunca has corrido. Da igual que quieras bajar de tres horas o de cinco, aquí encontrarás acomodo. Se trata de elegir tu ritmo y dejar que, hidratos primero y grasas algo más tarde, se consuman mientras la vista se da un homenaje al pasar por el Reichtag (km 7), los barrios de Mitte (aledaños del km 10), Kreuzberg (poco antes de la media), Schöneberg o Charlottenburg, la Iglesia Memorial Kaiser Wilhelm (la que está derruida, la habrás visto en decenas de fotos y la apreciarás de cerca alrededor del kilómetro 33) o Postdamer Platz, en el kilómetro 38, donde si las fuerzas te lo permiten podrás girar la vista a la izquierda y ver algunos retazos del legendario muro (aunque para eso mejor esperar a que acabe la carrera y darte un garbeo por la East Side Gallery, casi un kilómetro y medio de piedra en perfecto estado de conservación decorada con murales de lo más artístico).

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Desde allí ya hueles meta (en línea recta la tienes casi al lado) pero toca seguir sufriendo de manera sostenible, sabiendo que poco antes de que te canten el cuarenta enfilarás el camino hasta Unter der Linden (el bulevar donde se vertebra buena parte de la vida berlinesa (nace en Alexander Platz y, tras atravesar la Isla de los Museos, llega hasta el mismo sitio que llegarás tú con una sonrisa tan enorme como el ‘casque de patas’; la Puerta de Brandenburgo). Irás justo de fuerzas, pero el tramo es muy, muy benévolo, ideal para dejarse llevar por las emociones sin preocuparse en exceso de una pájara de última hora. Luego la medalla y la celebración. En este campo no experimentes demasiado; será difícil que encuentres un manjar de recompensa mejor que una bratwurst y una cerveza (no te damos una recomendación concreta porque encontrarás alta calidad de ambas casi en cada esquina).

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